Hoy me encontré muerto un colibrí en el piso. Tenía unas plumas tan pero tan bellas y sus patas tan delicadas que parecían quebrarse. Sin embargo era tan sólo un cuerpo sin vida y cuando terminé de apreciar la brillantez de sus colores, ya no había nada más que observar, sino tan sólo recordar el hermoso vuelo que tienen.
Pensé en sacarle fotos pero así el cuerpo solo… no tenía gracia. Incluso se me pasó por la cabeza preguntarle a alguien si le interesaba verlo o si incluso le podría servir a alguien que estudiara veterinaria.
Pero al final fui a enterrarlo y devolverlo de donde vino, de la misma tierra, aire, fuego y agua de donde también viene el cuerpo de todos nosotros.